lunes, 18 de enero de 2010


Ayer viendo la televisión en una de las películas que ponen por la noche, me inspiró para escribir sobre la belleza interior que cada persona poseemos y que muy pocos ven. Hoy en día eso de ver esa belleza de la persona no se ve o no se quiere ver, pues interesa más cuánto dinero se tiene en la visa o que guapo o guapa es una persona para sentirse orgulloso u orgullosa de disfrutar de su compañía y así que diga la gente, mira con que belleza está fulanito. Yo hace mucho decía a mí madre que el hombre que me quisiera me tenía que querer tal y como yo soy, pues se puede tener una buena figura unos ojos despampanantes, pero luego ser internamente de lo más feo que te puedas echar en la cara. Gracias a Dios, a mí no me ha pasado, pues tanto en las amistades como en el amor, siempre me han querido como yo soy, como soy internamente, en unas he tenido suerte pero en otras no han sabido ver lo que realmente valgo, pero bueno. En la película de ayer, se trataba de eso, de no ver lo malo sino la belleza interior de esa persona, ya podía ser una chica lo más gorda lo suficiente para poder romper las sillas, que “su pareja”, la veía con buenos ojos y con una figura escultural. Conozco a personas que por no tener buena figura, no han tenido la oportunidad al menos de encontrar el amor, porque hoy en día lo que importa es tener a un compañero o compañera de lo mal guapa, también tengo amistades que se han quedado solos o solas, porque se han marcado un prototipo de mujer u de hombre, y ya han considerado la idea de quedarse solos. Hay que saber, ver la belleza interior de las personas, esa es la que importa verdaderamente, lo otro, pues viene solo, y la felicidad no viene marcada con la belleza externa sino con la interna, pues es como es realmente la persona, porque podemos estar con una Claudia pero a la vez, en su interior, podemos estar con una bruja malvada que nos chupa hasta la sangre que no tenemos. Bueno todo esto ha sido como un desahogo, pues me da mucha rabia que haya mucha gente no vea esa belleza, que es muy bonita, y que se puede hacer feliz a mucha gente viendo y comprendiendo dicha belleza. También no es que se belleza sino lo que cada persona vale para un tipo de trabajo o no, que muchas veces si no eres 60 90 60, no te cogen para un puesto de trabajo cogiendo a la de dichas medidas que luego a larga sea una incompetente, dejando en la calle a la que puede servir para dichas funciones.

RISAS EN UN JARDÍN






Un hombre era dueño de un hermoso jardín donde los niños se encontraban a sus anchas para correr y saltar. Pero éste era un hombre de corazón duro. Le dolía que los niños disfrutasen de la belleza de su jardín. Esto fue lo que hizo: lo rodeó de una pared muy alta para que los niños no pudiesen entrar. Pero sucedió que cuando las plantas dejaron de escuchar las risas de los niños dejaron también de florecer. Se secó el follaje de los árboles. El invierno se prolongó como nunca antes lo recordaba y parecía que la primavera no volvería jamás. El hombre se sentía muy triste, como si una gran pena anegase su corazón. Las noticias de lo sucedido llegaron a un hombre muy sabio de la comarca. Vino donde él y le dijo: Tengo un solo consejo que darte y si lo sigues tu jardín volverá a lucir como antes. El hombre repuso: Escucho tu consejo y lo seguiré de inmediato. Este fue el consejo: Derriba las paredes y deja que los niños jueguen.

CADA AMANECER




Si te dignaras a levantarte cada mañana con una sonrisa en la cara, vieras en cada amanecer un nacimiento; en cada estrella, una esperanza; en cada persona, un mundo; en cada árbol, la vida; en cada flor, la belleza; en cada animal, un amigo; en cada ave, una voz; en cada sonrisa, una experiencia; en cada enojo, una reconciliación; en cada amigo, a un hermano... Y te atrevieras a explorarlas, encontrarías la felicidad